Fín a les col·leccions de Barcelona

J.Fín


(Barcelona, 1916 - 1969)

Presencia y añoranza de J.Fín en las colecciones barcelonesas.

Dado que la Fundación Vila Casas nos obsequia con una exposición dedicada al pintor barcelonés J.Fín (1916-1969), es el momento de repasar su relación con la ciudad y sus orígenes[1],  que se da la mano con sus exposiciones y con la relación con familiares, amigos y seguidores que, desde el comienzo, supieron apreciar su obra, de tal manera que hoy el artista está ampliamente representado en las colecciones privadas catalanas.

Fín nació en Barcelona en 1916 en el seno de una familia muy singular: su padre, el Dr. Vilató, era neuropsiquiatra: su madre, Lola Ruíz Picasso, hermana del gran artista que tanto había de cambiar el mundo del arte del siglo XX. Ser artista en una familia como ésta – su abuelo, José Ruiz Blasco, también había sido pintor y profesor en la Llotja, recordémoslo- no tenía que ser nada fácil. Por eso, Fín – en realidad José Vilató Ruiz-, siempre quiso ser Fín- el sufijo de su diminutivo familiar, “Josefín”, que le permitía alejarse de los apellidos familiares, y brillar con luz propia.

Siempre, desde joven, fue un personaje especial, tal como nos lo han descrito los artistas amigos. Antoni Clavé, por ejemplo,[2] sus familiares, o también otros amigos que lo apoyaron siempre desde el primer momento. Francesc Mèlich o Manuel Brustenga y sus familias son probablemente los mejores testigos. Hago estas referencias explícitas porque todos ellos permanecieron estrechamente relacionados con el pintor a lo largo de su vida y eso ha permitido, incluso, organizar esta muestra con la colaboración amical de sus descendientes.

Fín expuso por primera vez en marzo de 1935, a los diecinueve años, en la galería de Les Arts Reunides, una muestra que fue presentada por Josep M. de Sucre y donde expuso una serie de obras, fundamentalmente figuras, muy diferentes de todo aquello que solía verse entonces en Barcelona. Una inquietud distinta se hacía patente, sin duda. Pero desgraciadamente, el contenido de esta tierna exposición lo conocemos casi únicamente por algunas fotografías, ya que la mayoría de las obras probablemente debieron desaparecer durante la guerra cuando, el mes de diciembre de 1936, una bomba destruyó parte de su estudio de la calle Virgen del Pilar donde las conservaba. Además, hay que tener en cuenta que, cuando en 1946 se marchó a París, se llevó una serie de telas que repintó en más de una ocasión. Por todo ello, no es posible hacer mayor referencia. Después, además, la guerra y el largo servicio militar posterior que se prolongó hasta 1943, hizo que Fín, aunque no dejara de pintar nunca, tuviera que hacer un cierto paréntesis en su carrera, vistas las vicisitudes especialmente duras de aquellos años.

Pero en 1943, Fín, junto a su hermano Javier (1921-2000), Albert Fabra (1920) y Ramon Rogent (1920-1958), a quien había conocido recientemente a través de Javier, expuso en las Galeries Reig. Por primera vez, recibió, y recibieron, un cierto reconocimiento de la crítica, aburrida del ambiente gris imperante en la ciudad a consecuencia de la nueva situación sociopolítica. Porque en este grupo de artistas se adivinaba más vida, un mayor atrevimiento, más inquietud y un cierto enlace con la obra de Cézanne y los fauves, tan lejos de la pintura anecdótica y convencional entonces en boga.

La resonancia de la muestra fue muy grande: por primera vez apuntaba un camino de renovación en la orientación artística barcelonesa. Ellos serían los abanderados, mediante el cultivo de una figuración valiente, muy patente en su caso en dos retratos notables, el del pintor Ramon Rogent y el de Salvador Puig, cuñado del marchante Salvador Araw, además de unos temas de figuras femeninas, entre los cuales sobresalió el óleo titulado Mujeres mathxullamas, durante muchos años desaparecido, aunque hace muy poco reaparecido en una subasta madrileña. Once óleos en total.

A consecuencia de la exposición en Can Reig, en 1945 tuvieron lugar en las Galeries Pictòria[3] una serie de muestras individuales de los cuatro artistas. Del 28 de abril al 11 de mayo, Fín expuso veinticuatro óleos, entre los cuales había el retrato de su amiga Pierrette Gargallo, hija del escultor; y nuevamente las Mujeres mathxullamas, que la crítica consideró la mejor obra. Justo cuando acabó esta muestra, al día siguiente, allí mismo se inauguraba otra titulada “24 Grabados”, en la que él mismo, junto con Pierrette Gargallo, Albert Fabra y Javier presentaban sus primeros grabados. Fín se estrenaba en el campo de la obra gráfica.

Durante esos mismos años, participó en alguna exposición colectiva como la de Igualada, con Javier, Fabra, Pinet y Aguilar Ortiz, el verano de 1944; o bien la organizada por la Asociación de la Prensa en mayo de 1945, en Barcelona, junto a Rogent, Bosch Roger, Mundó, Gussinyé, Farré, etc. También participó en la Exposición Nacional de Bellas Artes de Barcelona de 1944, donde presentó sus famosas Mujeres mathxullamas, que sobresalieron entre la mediocridad existente.

No obstante, un hecho muy importante de esta etapa fue el conocimiento y la consolidación de algunas relaciones que se convertirían en claves para él y su carrera artística.  En estos años entabló amistad con Manuel Brustenga, un joven emprendedor amigo de Fabra, a través de quien conoció a los hermanos Vilató, y con quién se reunían, a menudo, en un rincón excepcional en aquellos años. Brustenga fue un gran admirador de su obra y, junto con su esposa Anna M. Grau, se convirtieron en grandes amigos de Fín y Colette Jacquemin, hasta el punto de que, cuando retornó a Cataluña, en los años cincuenta, escogió Port de la Selva, para pasar sus vacaciones. Con los años se convirtieron también en unos grandes coleccionistas de la obra de Fín, sobre todo de la obra de los años cincuenta y especialmente de los sesenta.

Ahora bien, el primer coleccionista de Fín fue el marchante Salvador Araw, que ya en 1933había comprado algún cuadro al joven artista. El poseía el mayor número de óleos y dibujos de los años treinta, de justo antes y de después de la guerra, sobre todo entre 1935 y especialmente de 1937, pero también de los primeros años cuarenta, realizados durante el servicio militar, y algunos posteriores, de cuándo llegó a París en 1946[4]. Su relación con Fín era tan estrecha, y casi paternal, que cuándo él y Javier se marcharon a París en 1946, además de la familia, los amigos que fueron a despedirlos fueron los Mèlich, Francesc y Carmen, y Salvador Araw.

Es importante también recordar que, tanto Fín como su hermano Javier, el año 1941 firmaron un contrato de exclusividad por tres años con Alfred Darnell, propietario de la sala de la Librería y Editorial Argos, que se inauguró con una exposición de Manolo Hugué. Este contrato era bastante excepcional teniendo en cuenta su edad, que no habían expuesto nunca individualmente, [5] y sobre todo por el hecho de que los otros artistas de la galería eran Manolo, el ceramista Llorens Artigas y el escultor madrileño Yepes, los tres ya muy consagrados.

Las obras que Fín pintó mientras realizaba el servicio militar en Madrid en 1941 formaron parte de la colección de la galería, donde se vendieron, tanto a otros artistas como a Llorenç Artigas, Domènech Carles o a la esposa de Pau Gargallo, Magalí. Pero el talante poco ortodoxo de Fín parece que llevó a romper el trato antes de tiempo[6] y lo cierto es que nunca expuso en la sala Argos y que Darnell no poseyó ninguna de sus obras realizadas después de dicha fecha.

También, a partir de 1944, fue un gran coleccionista de su obra, Charles Capella, que valoraba mucho las figuras femeninas de Fín pintadas entre 1944 y 1945, de las que llegó a tener una gran representación, y que entre 1947 y 1948 quiso adquirir, por lo visto, las mencionadas Mujeres mathxullamas que Fín se había llevado a París, aunque la obra, por la información vigente, no llegó nunca a Barcelona y quizás se perdió en la aduana.

Fín también estaba presente en otras colecciones, como, naturalmente, la de Francesc Mèlich y su esposa, Carmen Juste. Siempre fueron buenos amigos que dieron apoyo a su vocación de pintor y con quienes Fín se introdujo realmente en el campo del grabado, ya que Mèlich – químico, fotógrafo y grabador- tenía un importante taller de grabado artístico, donde Fín se instaló en 1945.

Ello explica que cuando se marchó poco después, a París, en el taller de Mèlich quedaran enseres y obras suyas, como las planchas de la primera serie allí grabada, al aguatinta y aguafuerte, titulada también Los mathxullamas, pobladas de poderosas figuras desnudas femeninas y/o masculinas, que Mèlich no solamente guardó, sino que estampó.

Aunque de una manera rápida y sucinta, este repaso a los coleccionistas y en buena parte amigos del artista, nos muestra la Barcelona de la posguerra, castigada y gris, pero también sensible, gracias al interés y al gusto de una serie de personas que contribuyeron, junto con los artistas, a hacer posible un despertar no solo del arte, sino del mercado del arte y del coleccionismo, más porque creían en un artista y admiraban su obra, que por poseer un estatus económico extraordinario. Y, al mismo tiempo, nos muestra también una estrecha vinculación con Fín con la ciudad y su ambiente artístico-cultural.

Ahora bien, Fín, como tantos otros, en enero de 1946, con treinta años,[7] partió hacia París buscando una bocanada de aire y de vida, gracias a las tan codiciadas becas del Círculo Maillol que otorgaba el Instituto Francés. Sin embargo, tanto él como su hermano Javier, con quien se marchó, se establecerían allí definitivamente. En Barcelona dejó unas cuantas obras, pero se llevó otras, algunas de las cuales fueron destruidas y otras repintadas por él mismo.

Fín enseguida se instaló en La Ruche, un pabellón de una isla de artistas en el centro de París, entonces bastante miserable, pero donde a pesar de todos los inconvenientes físicos, se sentía plenamente libre. Allí se introdujo rápidamente en la abstracción, hecho que cierta prensa barcelonesa, consideró un acto de juventud o un experimento circunstancial sin más trascendencia. Esta etapa de ensayo abstracto duró hasta el final de 1949, y fue una experiencia, tanto artística como vital, decisiva para el artista. De hecho, a partir de 1950, progresivamente, recuperó la figuración. Sin embargo, desde entonces, de un modo muy personal, se dedicó sobre todo al bodegón y a la figura femenina, estableciendo así un vínculo temático con la obra barcelonesa anterior. Fín no expuso individualmente en París por primera vez hasta 1952, y no volvió a Barcelona, por primera vez, hasta el verano de 1954, en esta ocasión con su compañera. Colette Jacquemin.

No obstante, su verdadero retorno artístico no tuvo lugar hasta mayo de 1955, cuando expuso en la Sala Gaspar una serie de naturalezas muertas y de figuras femeninas, y pronunció una conferencia plástica sobre esta obra. La “promesa” que se había marchado hacía ocho años, ahora consolidaba su carrera en su ciudad, tal como lo argumentó el crítico Jordi Benet[8]. Vivas naturalezas muertas, de trazo rápido y preciso y de rica pincelada de color constituían la obra intermedia entre la austera producción abstracta de La Ruche, entonces poco conocida en Barcelona, y su producción de finales de los cincuenta cuando Fín pareció especializarse en la temática de los pájaros, sobre todo entre 1956 y 1958.

A partir de aquel momento Fín recuperó el contacto periódico con Barcelona y Cataluña. El verano de 1955 grabó las diez estampas de la “Tauromàquia”, que le estampó Mèlich, y que expuso en diciembre en la Galerie Verneuil de París. Si aquella fue su primera muestra individual como grabador en Francia, en octubre de 1956 se pudo ver la misma serie en la Sala Gaspar, la primera muestra individual de grabado en su ciudad, [9] que tuvo muy buena acogida. De nuevo, en mayo de 1958, expuso obras recientes, entre las cuales destacaban sus pájaros de largo pico.

La Sala Gaspar era una de las abanderadas de Barcelona en la difusión del arte más innovador del momento, como también era una de las pocas en la que el grabado tuvo una consideración y un notable protagonismo. Todo propició, lógicamente, que sus seguidores, descubridores y la misma sala, adquirieran obras suyas, por cuya razón esta etapa del artista está también representada en las colecciones barcelonesas.

Des de 1958, Fín volvió cada verano a Cataluña; primero a Port de la Selva y después a Selva de Mar, y otra vez a Port hasta 1968, al año antes de su fallecimiento. Por eso, entre su obra también se cuenta un buen número de paisajes de esas bellas regiones ampurdanesas.

La última exposición que realizó en Barcelona, ya muy enfermo, tuvo lugar en la sala de Guifré i Escoda en 1965. Fue una buena ocasión para los coleccionistas de siempre y amantes de su obra de adquirir la producción reciente de los años sesenta – sus característicos pájaros, peces e instrumentos, los trazos rayados, la explosión brillante de colores amarillos, rojos, blancos, azules, generalmente pintados al gouche sobre papel, de un inconfundible y chocante lirismo-, y de este modo enriquecer sus colecciones.

El 8 de marzo de 1969 Fín moría en París y pocos días después sus restos mortales llegaban a Barcelona, donde su halla enterrado en el Cementerio Viejo con sus abuelos, padres y algunos hermanos. Se fue prematuramente, pero su obra y su espíritu siguieron y siguen vivos en la ciudad.

La gran presencia actual de Fín en Barcelona se concentra, sin embargo, en su obra gráfica conservada casi en su totalidad en la Biblioteca de Cataluña. No es un hecho corriente que la obra de un artista grabador se encuentre en un solo centro. La familia Vilató, con la colaboración de la familia Mèlich Juste, en 1996 hicieron donación a la biblioteca de una muestra de todas las estampas calcográficas grabadas por Fín, como también de las planchas que se conservaban, además de algunos linograbados, serigrafías y carteles litográficos.[10] Hoy si alguien se interesa por esta obra, puede apreciarla en dicha institución.[11] Solo hay que añadir que en el Gabinete de Dibujos y Grabados del Museo Nacional de Arte de Cataluña se conserva la serie completa de “La Tauromàquia” (1955), diez estampas que corresponden a las respectivas planchas, hoy desaparecidas, grabadas al aguafuerte y al aguatinta, que estampó, como hemos visto, Mèlich en su taller.

En cambio, de su obra pictórica, al margen de la presencia notable en las colecciones privadas, es casi imposible encontrar obras suyas en los museos catalanes. En Barcelona, por ejemplo, solo hay un gran óleo (128 x 161 cm) de 1965, es decir, del último momento, cuyos protagonistas son unos extraordinarios tonos rojos en contraste con el amarillo y el blanco, y los temas de peces y algunos objetos, de una gran fuerza y, al mismo tiempo, de un singular lirismo. Una obra que forma parte de los fondos del Museo de Arte Contemporáneo, precisamente por donación de un buen amigo y coleccionista de Fín, también en 1996, pero que nunca ha sido expuesta. Pero el artista no está representado en el Museo Nacional de Arte de Cataluña. Desgraciadamente este hecho es un testigo más de las grandes lagunas de nuestros museos de arte entre el final de la guerra y los años sesenta, etapa en que las propuestas renovadoras entre la figuración y la abstracción fueron diversas y hoy su conocimiento nos es indispensable para poder entender y valorar nuestra historia artístico-cultural contemporánea. La ausencia de Fín nos provoca una añoranza que solamente es posible vencer si se supera, tal como se merece, el olvido generalizado de unas tendencias.[12]

Ahora bien, todo eso no significa en absoluto que Barcelona no rindiera homenaje a su artista poco después de su fallecimiento. En septiembre de 1971, el Palau de la Virreina acogió una gran muestra antológica de Fín que, dirigida por Juan Ainaud de Lasarte, entonces director general de los museos de arte de la ciudad contó con el apoyo y el esfuerzo de los amigos catalanes del pintor que contribuyeron con entusiasmo.[13] Un total de ciento sesenta y seis pinturas, ciento cuarenta y cinco dibujos, sesenta y dos grabados y unas veinte piezas diversas entre objetos y esculturas mostraron un amplio y representativo panorama de su trayectoria. La procedencia de las obras era diversa, pero estaban presentes todas las colecciones, tanto de sus amigos personales, como de los amigos galeristas y artistas y de la familia Vilató y Colette Jacquemin. Barcelona por primera vez podía hacerse cargo y admirar plenamente la obra de un artista que, a pesar de vivir en París, nunca se olvidó de su ciudad.

En último término, en cuanto a la presencia de Fín en los museos catalanes, tenemos conocimiento de dos dibujos suyos en el Mas Manolo de Caldes de Montbui, un hecho que se explica por la relación amistosa existente entre Manolo Hugué, Picasso y sus sobrinos Fín y Javier. Fín, por ejemplo, aprovechando un permiso del servicio militar, había retratado, por encargo del ya mencionado galerista Alfred Darnell, a toda la familia Hugué: Rosa, Totote, y al mismo escultor, en junio de 1941, verano en el que Manolo Había alquilado una casa junto a la playa de Vilanova i la Geltrú.

Tras la exposición de 1971, el nombre de Fín en Barcelona permanece muy ligado a Francesc Draper[14] y la Sala Dalmau que, desde su inauguración en 1979, orientada especialmente a la difusión de los artistas de la Escuela Española de París, le ha dedicado una gran atención, no tan solo presentándolo en numerosas exposiciones colectivas, sino también con algunas muestras individuales, en 1988, en 1996 y en 2002. La línea de la sala ha favorecido que se haya conocido sobre todo la obra abstracta de La Ruche, la más desconocida en Barcelona, y, de una manera especial, la obra de los años sesenta. Sin duda, éste ha sido el principal camino de difusión de la obra del artista entre el coleccionismo catalán de los últimos veinte años.

En definitiva, todo lo comentado hasta ahora nos habla o es reflejo de la estima y la fidelidad de unos amigos, unos marchantes o unos coleccionistas – o varias cosas al mismo tiempo-, todos, sin embargo, admiradores de la obra y, con seguridad, de la singular personalidad de Fín. Barceloneses, sensibles y amantes del arte, que más allá de las modas y las directrices e la ortodoxia de cada etapa, como ahora la Fundació Vila Casas, apreciaron la obra y la singularidad del artista creador de una iconografía propia como la del universo de los indescifrables mathxullamas.

 

Pilar Vélez.

Arenys de Mar, agosto de 2007.

 

[1] Para conocer más a fondo al artista y su trayectoria puede consultar a Pilar Vélez, J.Fín (1916-1969), Omega, Barcelona, 1999, que incluye el catálogo razonado de la obra pictórica del artista.

[2] Véase Antoni Clavé, “Recuerdo de un amigo”, en Pilar Vélez, op.cit., pág. XVII-XVIII.

[3] Dirigidas por Josep Rossell y situadas en la calle de Casp, 21.

[4] Un buen número de obras de la colección Araw hoy son propiedad de la Galería Gothsland.

[5] Excepto en el caso de Fín, de la temprana muestra en la galería de Les Arts Reunides en 1935.

[6] Probablemente, más que una cuestión de orden estético, quizás influyeron hechos como el sucedido el verano de aquel mismo año en Vilanova, relacionado con la estancia en el hostal El Peixerot de donde se marchó junto con Javier sin pagar la factura y dejándola a cargo de Darnell. Véase Pilar Vélez, op.cit., pág. 33.

[7] Hay que recordar que Fín después de la guerra tuvo que realizar un largo servicio militar que no finalizó hasta el año 1943.

[8] “Exposiciones Barcelona. J.Fín”, Revista de Actualidades, Arte y Letras, Barcelona, número 162, del 19 al 25 de mayo, pág. 13.

[9] Colectivamente, en 1945, ya había participado en la muestra “24 Grabados” en las Galeries Pictòria.

[10] Salvo unas veinte estampas y alguna plancha de propiedad de la familia Vilató o algún otro coleccionista.

[11] A raíz de la donación, se hizo una exposición y se editó el catálogo razonado de la obra gráfica completa del artista. Véase Pilar Vélez, J.Fín (1916-1969). Gravats, Biblioteca de Catalunya, Barcelona, 1998,

[12] En este sentido, constituye una excepción la adquisición que hizo en 2004 la Fundació Caixa de Catalunya de un óleo de Fín de 1948 (La Ruche) para formar parte de su colección de arte.

[13] Francesc Mèlich y su hija Anna, se encargaron de elaborar la nota biográfica del catálogo.

[14] El cual ya en 1977 había organizado la primera exposición del artista después de la antológica de 1971, en la Galería Navarro de Barcelona.