Oriol Jolonch (Barcelona, 1973) cultiva el elemento surrealista en la fotografía y muestra escenas oníricas que desvelan estados mágicos del inconsciente turbados por pequeños relámpagos de lucidez. Sus realidades inventadas son fruto de la tecnología aplicada a la imagen y de una recreación fantástica y tragicómica de la realidad. Galardonado con el primer premio de fotografía de la Fundació Vila Casas el pasado año, el autor presenta en exposición una treintena de fotografías donde figuras animales, elementos vegetales, el mundo industrial y los vastos paisajes naturales se confunden en inquietantes imágenes-reliquia.
A pesar de haber realizado estudios de diseño y fotografía Jolonch no duda a definirse como un autodidacto por vocación. Su interés por la fotografía y el montaje fotográfico se remonta en su niñez, cuando su padre le regaló un aerógrafo con el cual empezó a hacer algunas imágenes que entonces le servían para decorar cintas de cassette y otros elementos de su cotidianidad. A pesar de esto, fue la llegada de la fotografía digital aquello que desató su interés por la fotografía, puesto que esta le ofrecía la posibilidad de poder construir imágenes de ficción a partir de imágenes reales.
Oriol Jolonch practica la fotografía, pero no la utiliza para plasmar la realidad sino que la usa para construir imágenes irreales, escenarios imposibles que transportan el espectador a un universo casi onírico o, como él mismo las denomina, "realidades inventadas". A través de estas escenas lo fotogràf invita el espectador a detenerse e interrogarse sobre la historia que esconden o imaginarla. El espectador puede, a partir de ellas, reinterpretar la realidad o, sencillamente, a dejarse llevar por la belleza de sus composiciones y olvidar la línea que delimita la realidad y la ficción.
Las imágenes de Jolonch, fruto de una intensa reflexión previa, plantean una de las cuestiones que más veces se han planteado a lo largo de la historia de la filosofía: qué es la realidad? Donde empieza y dónde acaba? Partiendo de esta base filosófica, Jolonch sorprende una y otra vez el espectador que se siente transportado a una cotidianidad alternativa con una fuerte carga metafórica.
Jolonch bebe de diferentes precedentes que, a lo largo de la historia, se han cuestionado sobre los límites de la realidad, desde las mitologías griega y romana hasta Alícia al País de las Maravillas de Lewis Carrol son ejemplos de como la ficción convive con la realidad borrando los límites entre una y otra.
Hay que destacar también como, del mismo modo como pasaba con el Surrealismo, a menudo en Jolonch algunos símbolos se repiten y reaparecen de manera insistente en sus imágenes se trata de elementos como por ejemplo la idea del sueño, la presencia de insectos, muñecos o animales, las referencias a personajes de la literatura fantástica, el concepto de metamorfosis o transformación, el bosque, el tono siniestro o la construcción de metáforas. El artista nos presenta todo este abanico de simbologías gracias a las cuales podemos navegar por su universo y explorar las imágenes que nos presenta.
En definitiva, en Jolonch no hay nada dejado al azar, la suya es una apuesta estética y filosófica, sus imágenes de una belleza a menudo inquietante, acontecen una invitación a la reflexión. Jolonch nos coge de la mano y nos conduce a través de unas imágenes que, en no dejarnos indiferentes, cuestionan la realidad en que vivimos y sus límites. Es decir, en palabras del mismo artista nos conducen a confundir la realidad y la ficción.