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Exposición Virtual

Amèlia Riera


A poc a poc
Inicio 30/09/2019
Exposición celebrada del 16 de septiembre al 11 de diciembre de 2010

Amèlia, poco a poco

(...) somos seres racionales con un cerebro emocional antiquísimo,

que evoluciona con una lentitud enorme.

Marina según Mac-Lean[1]

 

Poco a poco caminamos por los lugares y los tiempos vividos, como si nuestro escenario se transformara constantemente dentro de un cuadro transitable en el que se funde la velocidad del cambio que da el

conocimiento y “la lentitud con la que podemos alterar nuestros afectos”. Desde fuera hacia dentro se escribe la secuencia del texto sobre Amèlia y su obra, como si fuera el rastro que deja la vida a su paso.

Cuando el mundo se abre al exterior iniciamos un recorrido que avanza al revés, en el que aparece el...


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CUADROS DE LA EXPOSICIÓN: 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29
Omni tempore
1995
Pintura
Técnica mixta sobre tela

Pintura
1962
Pintura
Piedras procedentes de diversas ciudades sobre soporte de madera

Cadira. L'hi van portar enganyat
1971
Escultura
Objeto manipulado

Esta silla es el único ejemplo de escultura presente en la exposición. Esto no quiere decir que la artista no produjera más, aunque sí es cierto que la mayor parte de su producción es pintura. Aquí podemos observar una silla, elemento omnipresente en la iconografía de la artista: sillas en las que intuimos presencias, soledad e incomunicación. En este caso se nos presenta una silla que nos recuerda a una máquina de tortura. Toda una serie de objetos cubre la estructura metálica y hace que adquiera un significado diferente al que solemos ver. La cita “Se lo llevaron engañado”, en la parte inferior, aún refuerza más el dramatismo del que la artista se quiere hacer eco. Es en los objetos donde podemos ver de una manera más clara la filiación de la artista con el movimiento surrealista. Presenta los objetos como esculturas, como en este caso, o bien como collage, en los que el conjunto de objetos muestra el mundo característico de Amèlia Riera. El objeto adquiere importancia y significación dentro del surrealismo gracias a Marcel Duchamp. Será precisamente en esta corriente artística en la que el objeto llegue a su máxima transformación.
La gran bouffe
1986
Pintura
Técnica mixta sobre tela

Nos encontramos ante una de las obras más significativas de la artista. Aquí vemos sobre todo el interés por la arquitectura clásica, reflejada en las columnas y el templete, que aparecen en muchas de sus obras. Las escenas de Riera nos recuerdan mucho a las plazas vacías representadas por De Chirico, en las que la arquitectura sin vida es la protagonista absoluta. La artista, además, elige el formato de tríptico porque le permite adentrar al espectador en la obra para que no quede como un simple espectador, sino que participe y se sienta integrado en la escena de la tela; en definitiva, que habite estos paisajes solitarios. Esta participación del espectador llegará a su punto de máximo esplendor cuando en la tela se integran trozos de espejo, que reflejan al espectador y hacen que directamente forme parte de ella.
Mundus eroticus nº 1
1991
Pintura
Técnica mixta sobre tela

En la obra de Amèlia Riera, y como muy bien explica Francesc Miralles, existen dos temas importantes: la muerte y el erotismo (Eros y Tánatos). Se trata de temas que, por otra parte, han sido omnipresentes en el arte occidental desde hace siglos. En esta obra, la artista nos presenta la erótica ocultando a los protagonistas: no vemos ningún cuerpo desnudo que nos conduzca a este tema, sino que solo podemos observar dos piernas que aparecen en los laterales de la tela, como símbolo de lo que podría ser esta erótica. Riera no representa literalmente el sexo o el cuerpo, sino que crea un ambiente, una sensación, una presencia indefinida que el espectador capta y traduce en lo que la artista quiere. El murciélago, símbolo de la muerte, vuela por encima del sofá, en el que podemos intuir la presencia humana por las ropas que hay encima. Cabe destacar, la influencia de la arquitectura clásica en la artista. En 1977, Riera viaja a Italia y redescubre la cultura y la arquitectura renacentistas. A partir de este momento la obra se italianizará y se mezclarán de manera personal dentro de las escenografías elementos renacentistas con otros metafísicos, creando así espectaculares ambientes.
Nocturne Tempora nº 1
1990
Pintura
Técnica mixta sobre tela

Diem ex die nº 20
1996
Pintura
Técnica mixta sobre tela

Autoretrat nº 1
1986
Pintura
Técnica mixta sobre tela

Lo primero que nos llama la atención de este autorretrato es la mirada penetrante de la artista y la mano esquelética. Amèlia se representa encerrada, observando por una apertura lo que sucede en su mundo. La mano nos indica que alguna barrera le impide salir. La mirada nos puede mostrar nostalgia por el pasado; los recuerdos de la artista devienen importantes y se presentan ante sus ojos a través de sus telas, y ella las mira fijamente. Recuerdos que se transforman en objetos y símbolos representados en esta obra, como los murciélagos, símbolo de la muerte, que provienen de su fugaz serie sobre vampirismo y que es el único elemento de la serie que sigue representando posteriormente. O el mar, elemento también muy importante en la pintura de la artista, que hará que salgamos de aquellas habitaciones cerradas y claustrofóbicas de la primera época para encontrar respiro y aire en la inmensidad del mar como punto de fuga de la tela. Será la primera vez que la artista incorpora un elemento de la naturaleza en su obra. El mar, en este caso, no lo vemos desde una ventana, sino que llega a cubrir el pavimento de la estancia. Con la vista del mar, Amèlia quiere mostrar su sueño infinito.
Autoretrat nº 2
1986
Pintura
Técnica mixta sobre tela

Catre pecho
1974
Pintura
Técnica mixta sobre tela

Amèlia Riera creó una obra dominada por un lenguaje propio derivado del surrealismo y del magicismo en el que predominan las estructuras arquitectónicas y los interiores. Simetría y perspectiva juegan un papel importante y son los auténticos protagonistas de estas obras. En esta en concreto, la muerte está presente, como en muchas otras de este periodo. La vemos representada mediante la presencia de los fantasmas, que no se dejan ver sino que los intuimos gracias a los senos marcados en las sábanas de la cama y las figuras marcadas en las sillas. Es importante observar cómo la artista no elige la iconografía tradicional para representar a la muerte (calaveras, esqueletos ...), sino que la insinúa; el espectador no ve físicamente a la muerte, pero la escena y el ambiente hace que sí esté presente: la difunta descansa en su cama y solo vemos la marca en las sábanas. Cuatro presencias más la velan sentadas en sus respectivas sillas. 
Pintura
1961
Pintura
Óleo sobre lienzo

Etc... nº 1
1996
Pintura
Técnica mixta sobre tela

Et caetera nº 3
1990
Pintura
Técnica mixta sobre tela

Pensant en Brossa
1999
Pintura
Técnica mixta sobre tela

Pintura
1991
Pintura
Técnica mixta sobre tela

Sèrie blanca nº 5
1986
Pintura
Técnica mixta sobre tela

Sèrie Onírica nº 211
1993
Pintura
Técnica mixta sobre tela

Sèrie Ofrena nº 2
1986
Pintura
Técnica mixta sobre tela

A mediados de los años ochenta se observa un cierto cambio en la obra de la artista. Los espacios interiores se diluyen: ya no encontramos estancias cerradas sino espacios con grandes ventanales, flanqueados por columnas. Como en el resto de su obra, la simetría está muy presente. De hecho, Amèlia siempre afirmaba que la simetría de sus obras crea un sentimiento de inquietud para quien las observa. Una cama en el centro es el eje de simetría; a ambos lados, dos sillas. A menudo nos encontramos con estancias o ambientes preparados para que convivan dos personas, pero estas personas no aparecen nunca; las sillas, los sofás y las mesas están preparados para recibir a gente que no aparecerá nunca. Francesc Miralles ha relacionado este hecho con la frustración de la artista, la ausencia de lo deseado y que no ha tenido nunca.
Sèrie Onírica nº 108
1992
Pintura
Óleo sobre lienzo

Amèlia Riera nos invita al teatro. En esta obra, nos presenta un escenario abierto con una estructura de estilo clásico. En el frontón podemos leer las iniciales S.O. (serie onírica); la luna llena en la parte superior izquierda, vigila en todo momento lo que sucede en el escenario. El protagonista es un árbol muerto que podemos ver en muchas obras de la artista. Un árbol solitario, en medio de dos sillas, que es un símbolo de la persistencia ante las adversidades de la vida. El árbol, como afirma Glòria Bosch en el texto del catálogo de la exposición, “refuerza el concepto de incomunicación. Te trasladas a un espacio interior, justo en medio de dos ausencias, las dos sillas vacías que se dan la espalda”. Por otra parte, Joan Perucho sitúa la pintura de Amèlia Riera en el género veneciano de los capricci, muy característico en la pintura del siglo XVIII. Este capricho no era más que una arquitectura imaginaria compuesta por elementos extraídos de la arquitectura real dispuestos en un escenario inventado. En sus escenografías imaginadas, Amèlia pretende hacer una transposición de la realidad. En este caso lo demuestran tanto las columnas como los frontones.
Sèrie Tribut nº 13
1982
Pintura
Óleo sobre lienzo

Tríptic
Pintura
Técnica mixta sobre madera

Sèrie Tribut nº 114
1976
Pintura
Óleo sobre lienzo

En la serie llamada Tribut (Tributo), la artista nos presenta una serie de habitaciones cerradas, más bien oscuras, en las que intensifica las líneas de fuga, marcadas en color blanco, como si fueran rayos que provienen de lámparas colgadas en la parte superior, dirigidas siempre hacia el objeto del centro de la composición, en este caso una bañera. Las toallas colgadas a ambos lados completan este cuarto de baño, vigilado en todo momento por la presencia del árbol solitario, elemento característico en muchas de las obras de la artista. Podemos relacionar la presencia del árbol con un episodio de la infancia de la artista. Como explica ella misma, durante la Guerra Civil, impresionada por la presencia de la muerte tan cercana, encontraba consuelo llorando al pie de un árbol. Este árbol no tenía hojas y ejemplificaba el contexto trágico del país. Amèlia siempre lloraba en el mismo árbol, recuerda con ternura, hasta que su madre le puso el nombre del árbol de los suspiros. Por lo tanto, el árbol es un símbolo de una época marcada por la guerra y la muerte. La muerte, de hecho, acabará siendo el tema por excelencia de la artista.
Tríptic del demà nº 8
1986
Pintura
Técnica mixta sobre tela

En este tríptico puede observarse un elemento que la artista incorpora a partir de los años ochenta y que ya no abandonará. Se trata de la aparición de un espacio independiente o mejor dicho complementario en la parte inferior, como si fuera la predela de un retablo gótico. Si nos fijamos, vemos que Riera sitúa un cuadro dentro del cuadro; en este caso, en la parte baja de la composición central del tríptico podemos ver cómo se reproduce una arquitectura similar a la de la obra principal pero despojada de objetos y presencias. Las flechas situadas a ambos lados de esta pequeña composición nos ayudan a fijar nuestra mirada. También veremos que las habitaciones dejan de ser herméticas y empiezan a aparecer grandes ventanales entre las columnas corintias que nos conducen al punto de fuga, donde normalmente sitúa el mar y el cielo siempre de noche y con la luna vigilando toda la escena. La oscuridad absoluta desaparece y vemos que una luz tímida empieza a ser la protagonista de las obras.  
Tríptic Oníric nº 3
1992
Pintura
Técnica mixta sobre madera

Tríptic Oníric nº 7
1990
Pintura
Técnica mixta sobre madera

Tríptic del demà nº 201
1986
Pintura
Técnica mixta sobre madera

Tríptic del demà nº 1
1986
Pintura
Técnica mixta sobre tela

Este es uno de los muchos trípticos que la artista hizo a partir de 1986. Generalmente, Riera presenta espacios grandes y amplios, con la simetría que caracteriza toda su obra. En este caso, sin embargo, la artista quiere que el espectador entre en ellos: de pie frente a la obra, se encuentra inmerso en la composición, dentro de las estancias, un efecto que aún se pronuncia más con el uso del tríptico. Las telas laterales abrazan al espectador y lo invitan a entrar. El pavimento, siempre cuadriculado, nos conduce directamente al punto de fuga, en este caso una puerta oscura en la que un punto de luz nos invita a acercarnos. El suelo cuadriculado enfatiza la perspectiva, una influencia directa de la pintura renacentista de Giotto.
Cerraduras
1964
Pintura
Técnica mixta sobre tela

Esta obra es testigo del momento en el que la artista ya había superado la etapa más informalista y comenzaba a trabajar sobre la temática de las cerraduras, las vallas y las puertas. Como explica Glòria Bosch, las cerraduras y las puertas nos remiten al cierre y al ahogo de una sociedad machista; hay que tener presente que Riera fue una de las pioneras en la lucha por cambiar un mundo dirigido por hombres. También podemos pensar esta obra como la introducción a toda su obra posterior. Se trata de una tela en la que aparecen unas cerraduras que permiten entrar en toda la serie de habitaciones que años más tarde se convertirán en la obsesión de la artista. Sin quererlo (o no), Amèlia nos invita a buscar las llaves que abren todas las puertas de sus misteriosas y fascinantes estancias. En su obra Una habitación propia, Virginia Woolf hablaba del espacio privado y personal que se encuentra cerrado con llave. Veremos que estas habitaciones en las que Amèlia Riera nos invita a entrar al inicio son herméticas, casi siniestras, con arquitecturas antiguas, hecho que podemos relacionar directamente con su personalidad.
Pintura
1961
Pintura
Óleo sobre lienzo

Esta obra de los años sesenta nos muestra la pintura más informalista de la artista. Con una gama cromática oscura (que veremos a menudo a lo largo de toda su trayectoria), Amèlia nos presenta en esta pintura los trazos característicos de este estilo, en el que el color y la forma predominan sobre el argumento. La abstracción, de hecho, invade todas las obras de estos años. Cabe destacar la importancia de la geometría, que poco a poco evolucionará de una estructura y espacio informal a una composición simbólica en la que la estructura forma parte del simbolismo característico de la artista. Veremos que la geometría será el elemento clave de la artista para desarrollar su mundo, que nos resulta perturbador e inquietante. Una geometría vinculada con el mundo esotérico y sagrado. Por lo tanto, si en la primera etapa informalista de la artista se puede hablar de geometrías, posteriormente esta geometría se transformará en arquitectura, sin abandonar, no obstante, la inquietud que quiere transmitir en sus obras. La arquitectura será fundamental en su obra, y veremos cómo acabará determinando su sentido.




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