Esther Boix i Pons (Llers, Girona, 1927-Anglès, Girona, 2014) es un ejemplo de lucha y superación. Empezó su camino en el mundo del arte con una pintura dura y oscura, reflejo de una sociedad inmersa en la miseria de los años de la posguerra: interiores humildes, hambre y vacío existencial. Tras un viaje a París y –sobre todo– una estancia en Milán, su pintura da un giro copernicano, igual que su mirada del mundo, mucho más abierta y vitalista.
Comprometida con la transformación social, entiende la pintura como un instrumento de reivindicación de los derechos y las libertades individuales y colectivas, participando en iniciativas como, por ejemplo, Estampa Popular...